sábado, 21 de junio de 2014

SOBRE HACERLO OFICIAL

A estas alturas supongo que lo sabéis: dos editoriales van a publicar dos de mis historias.
Por un lado, Ediciones B, vía Selección RNR, va a publicar en octubre una historia ambientada en el siglo XIX, después de las guerras napoleónicas. En ella conoceremos a Su Alteza, el príncipe Peter de Rultinia (a quien conoceremos mejor más adelante, en su propia historia) y a los hombres de su guardia. El jefe de la guardia es precisamente el protagonista de esta primera parte de la trilogía de Rultinia, sir Benedikt, un escocés que dejó su tierra de joven para ir a recalar en ese hermoso y a la vez terrible país mediterráneo, lleno de gente intrigante y peligros. En esta historia en concreto, nos lo encontramos en Inglaterra, antes de regresar a su tierra de adopción. Allí tendrá que lidiar con una mujer, Cassandra, con la que tiene una relación tan tirante que casi se podría decir que linda con el odio. Sin embargo, habrá cosas que hagan que ambos se replanteen lo que piensan y sienten por el otro.
Esta es, a mí parecer, mi mejor historia, aunque eso es algo totalmente subjetivo jajaja. Es tal vez que lo pasé muy bien escribiéndola, porque hay muchas peleas de ingenio, algo de acción, y un malo malísimo que me encanta.

La otra historia, que se publicará a saber cuándo, saldrá de la mano de Harlequín, en su colección HQÑ. En esta ocasión se trata de una historia actual, con algo de humor, bastante crítica y hasta tierna. Está ambientada en una clínica privada acosada por los problemas económicos, a la que llega un nuevo doctor, el hijo de uno de los mayores accionistas, precedido por el sambenito de ser un enchufado. Este hecho hará que el personal de su servicio no le reciba con los brazos abiertos, precisamente. Solo al conocer bien a Gabriel, sabrá Elisa que las cosas no eran como ella pensaba. 
Esta historia está ambientada en el servicio de Radiología de la clínica, el departamento más romántico de cualquier hospital (jajaja, chiste privado). 
Es una historia distinta, creo, donde lo principal no es la relación de los protagonistas. Tal vez es "poco romántica" en ese sentido, pero era lo que me pegaba en ese momento y forzar las cosas no me apetecía. Así que quedó como quedó.

Y, en definitiva, funcionen o no, esto es lo que hay, por si alguien siente un poco de curiosidad. Publicar no era mi objetivo en la vida, pero a veces hay que aceptar las cosas como vienen. Probaré, al menos. 
Pase lo que pase, para mí nada cambia. Mis libros siguen siendo los mismos y yo también.

Nota mental: aquí el que está encantado de la vida es Alain, que dice que ha sido gracias a sus consejos y su trabajo para conseguir que me lo tome en serio que hemos llegado ahí. Yo asiento, pero es solo para darle la razón. Está tan guapo cuando sonríe...

domingo, 8 de junio de 2014

EL SECRETARIO: EL VIAJE (XI)

Conté en mi cabeza mientras me alejaba del dormitorio de Alain.
Tras de mí, la risa histriónica de Alexia, con un punto de histeria y tal vez de incredulidad al pensar que se había salido con la suya. Marie Panphile no dijo nada, pero me la imaginé mirando a su hijo, esperando que me desmintiera. Y Alain...
Tardó tanto en empezar a hablar que casi me lo perdí, porque a esas alturas yo ya había llegado a mi ratonera, dispuesta a largarme sin mirar atrás. No quería confesármelo ni a mí misma, pero no sabía cómo iba a reaccionar mi secretario. No le gustaban los enfrentamientos, por no hablar de que hablar de las cosas que Alexia le hacía delante de su conservadora madre (para lo que quería, que bien que le gustaba leer BDSM). Cabía dentro de las múltiples posibilidades que se callara, agachara la cabeza y aceptara la victoria de Alexia sobre mí. También podría haber callado y seguirme sin más. Pero no.
En un rápido francés del que apenas capté lo más importante, Alain le contó con pelos y señales las torturas a las que Alexia le había sometido: hambre, golpes, jornadas de trabajo extenuantes... 
Pensé que pararía allí, pero no. Y ahí sí me sorprendió. Alain habló y habló, como jamás había hecho conmigo (cosas que tiene ser madre, supongo). Me apoyé contra una pared y escuché. No sé cuánto tiempo habló, pero lo que estaba claro es que Alexia ya no reía. 
No tengo ni idea de cuánto tiempo había transcurrido, pero de pronto Alexia pasó corriendo ante mí, no sin lanzarme antes una mirada de odio inmenso. 
Me gustaría haber pensado que había ganado, pero no, todavía no. Miré hacia la habitación y seguí esperando.
Tras varios minutos de silencio, Marie Panphile salió también de allí. Pasó en silencio junto a mí, sin mirarme, como su (deseaba con todo el alma) ex ídolo. Al cabo de unos instantes la escuché trastear en la cocina. Cuando pitó la tetera, supe que teníamos algo en común: el té nos calma y nos ayuda a ordenar las ideas.
-Te parecerá bonito lo que has hecho...
Me giré hacia Alain con mi mejor cara de "¿me hablas a mí, con esta carita de ángel que tengo?".
No me dejé engañar por su aspecto tranquilo ni por esa mirada serena. No tuvo que pedírmelo, pegué un saltito y él me cogió al vuelo, privilegios de ser bajita y pesar como una pluma.
Nos abrazamos unos minutos eternos allí mismo, sin hacer otra cosa que eso, estar abrazados.
-¿Mejor? -pregunté al fin.
Pude notar su sonrisa contra mi cuello.
-Mucho mejor. 
No lo decía solo por la escena, que seguro que no había sido fácil, sino que contarlo todo al fin debía de haber sido una liberación para alguien tan reservado para él, capaz de sufrir lo indecible sin hacer un mínimo gesto de dolor. Haber aguantado tanto había sido para él una tortura, y yo lo sabía muy bien.
No estuvimos mucho tiempo más en aquella casa ni en París. El viaje había sido un fiasco en muchos sentidos, pero liberador en otros. Sabía que seríamos libres de Alexia, al menos durante un tiempo.
Marie Panphile se despidió de su hijo con un abrazo extraño, como si no deseara soltarle y a la vez no se atreviera a mirarle a la cara después de lo ocurrido.
A mí apenas me dirigió un gesto con la cabeza a modo de saludo. Tampoco esperaba un beso y que me pidiera perdón... pero sí (no puedo evitarlo, soy autora de romántica, siempre espero que todo salga bien, pese a todo).

Cuando ya estábamos en el avión, camino a casa (esa casa que esperaba que Lorito no hubiera destrozado), me di cuenta de algo, sorprendida.
-¿Puedes decirme a qué hemos ido a París?
Alain rió. Una sonrisa libre, fresca y alegre como pocas veces (o más bien nunca), se la había visto.
Me dejó con las ganas de saberlo, cómo no. Pero lo averiguaré. Lo juro, como que me llamo Arwen Grey.

Por cierto, no sé si os habéis dado cuenta, pero gané: 
Arwen 3 - Marie Panphile 2

sábado, 31 de mayo de 2014

EL SECRETARIO: EL VIAJE (X)

Alain se puso delante de mí, no sé si para protegerme o para impedir que me lanzara contra Alexia, pero, teniendo en cuenta que estaba en bolas, consideré que no era buena idea que estuviera tan cerca de esa bruja, a la que por cierto se le iban los ojos a ciertos lugares. Y esos lugares eran míos, así que le aparté de un empujón y le cubrí como pude, teniendo en cuenta mi estatura y envergadura.
Alexia sonrió, aunque sus ojos lanzaban dardos mortales. Seguro que le estaba costando un mundo no poder comportarse como ella era de verdad delante de Marie Panphile, la presidenta de su club de fans en Francia.
-Eres una indecente -dijo la muy falsa, llevándose una mano a la zona en que los humanos normales tenemos el corazón.
-Le dijo la sartén al cazo.
Los refranes nunca han sido lo mío, pero era mejor decir eso que lo que pasaba de verdad por mi cabeza.
-Has profanado el hogar de esta mujer incitando a su hijo a cometer actos impuros -siguió Alexia, poniendo una cara de mojigata que no sabía si reírme o llorar.
-En realidad me incitó él, pero eso es un detalle sin importancia -dije, acertando de lleno con el dardo, a juzgar por su expresión de odio absoluto. Seguro que a ella Alain nunca la había incitado a nada (juajuajua).
Entrecerrando los ojos hasta convertirlos en rendijas de pura maldad, se volvió hacia madame Panphile, que todavía no había abierto la boca, aunque no paraba de asentir ante las palabras de Alexia.
-Tienes que hacer algo, querida -la voz de Alexia sonó dulzona y pegajosa-. Esta mujer lleva a mi croasancito por el mal camino. ¡Mírale, si ya no reconoce la decencia! ¡Tápate, por Dios! -añadió, cubriéndose los ojos con teatralidad, aunque yo pude ver que separaba los dedos para seguir mirando, la muy perra.
Marie Panplile asintió, frunció los labios de una forma que me resultó muy conocida y apretó los puños, la viva imagen de la furiosa dignidad.
-Me temo que tendrás que marcharte de mi casa.
Vale, había tenido la excusa perfecta, y lo peor era que se la habíamos dado en bandeja y hasta con un lazo rojo y enorme. A su lado, Alexia sonreía como la perra satisfecha y malvada que era, creyendo, y tal vez con razón, que había ganado.
Pero no. Ya estaba harta de ser la buena y tonta autora sin esperanza. Si había algo en lo que había cambiado desde que estaba con Alain, era en que sabía que podía conseguir todo lo que quisiera. Por primera vez, además, pensé que no me iba a importar usar cualquier truco sucio a mi alcance con tal de librarme de esa víbora para siempre. 
Así que sonreí, asentí con la cabeza y enfilé la puerta, sorprendiendo a todos. Al llegar a la salida, me giré como para despedirme, aunque mi intención estaba muy lejos de ello.
-Es una lástima que tenga que irme. Hubiera sido un placer para mí contarle las cosas que le hacía su ídolo a su... -miré a Alain, que se había detenido en mitad del gesto de abrocharse los pantalones. Su cara de desconcierto era un poema. Procuré grabarla en mis retinas, porque verle perder el control era algo extraño y precioso- croasancito...
Mi reverencia final fue la puntilla a aquella escena.
Salí del cuarto sin mirar hacia atrás. Esperando.

Madame Panphile 2 - Arwen 2


martes, 20 de mayo de 2014

SOBRE VOLVER A EMPEZAR... (LA PELI DE GARCI NO)

No sé si os pasará, al menos las que escribís, que después de terminar una historia, sois incapaces durante un tiempo de trabajar en nada. 
A mí me pasa, y cada vez más.
Antes no había acabado una y ya estaba pensando en la siguiente, ahora tengo varias empezadas y no sé por dónde seguir, porque nada acaba de atraerme del todo.
Hacer un parón tal vez sería lo oportuno, pero me conozco y sería más duro volver a arrancar.
Cierto que estoy viviendo una temporada de incertidumbres y algún problemilla inesperado que me están quitando las ganas de todo, pero creo que la respuesta no está ahí, o no del todo.
En definitiva, espero centrarme, en lo que sea, francamente. 
Sería bueno para mí saber. Saber sin más (cosas mías) sería un placer para mí, y seguro que me animaría a seguir adelante. 
Como no depende de mí, eso al menos, intentaré recoger las hilachas de mi disciplina y volver al circo más o menos en forma.


sábado, 17 de mayo de 2014

EL SECRETARIO: EL VIAJE (IX)

Esas horas de paz y felicidad fueron un oasis, un paraíso en la tierra, el edén... todas esas moñeces que se suelen decir en estos casos. El caso es que pudimos estar juntos y a solas durante un tiempo, y eso fue bonito (los adjetivos creo que no son lo mío, espero que se me entienda).
Solté a Alain en cuanto escuché el ruido de la puerta de entrada. El oasis se había secado, el paraíso en la tierra se había inundado y habíamos sido expulsados del Edén. 
El ruido del taconeo de Marie Panphile sonó como el repiqueteo del tambor que anuncia una ejecución. Se había acabado lo bueno y me iba a tocar pagarlas todas juntas si nos cogía juntos.
Un momento.
No había solo un taconeo. ¿Había traído una visita madame Panphile? 
Empecé a vestirme a toda prisa.
-Somos adultos, petite...
Sentí deseos de reírme, pero hubiera perdido tiempo.
-Tú y yo sí, chouet, pero tu madre no, así que mueve ese culo... perdón, trasero, y vístete, por favor. Si nos coge, quiero poder mentirle y decir que no es lo que parece.
Alain suspiró, resignado, y me hizo caso por una vez, sin que sirviera de precedente.
Lamento decir que al final sí perdí un tiempo precioso, porque al darme la espalda me quedé embobada mirándole. 
Como el destino parece tener algo contra mí, aprovechó ese momento para hacer que Marie Panphile abriera la puerta. El cuadro no era halagüeño, lo reconozco: ropa desperdigada por todas partes, yo a medio vestir, Alain como Dios le trajo al mundo y yo mirándole de un modo que no tenía nada de inocente.
No dijo nada, eso debo agradecérselo. Con su mirada bastó para que volviera a sentirme como si tuviera 15 años y me hubieran pillado con el carrito del helado.
Por desgracia, su acompañante no tuvo la misma delicadeza.
-¿Sabes que te puedo denunciar por acoso a un empleado?
Que esas palabras salieran de esa boca, que esa persona hablara de acoso a un empleado, era lo más irónico que podía escuchar, viniendo precisamente de Alexia Guipur.
Bien, el destino me la había jugado redonda: me había dado unas horas de felicidad, para después poder divertirse el doble hundiéndome en la miseria.

Marie Panphile 2 - Arwen 1

domingo, 11 de mayo de 2014

EL SECRETARIO: EL VIAJE (VIII)

Madame Panphile y yo estábamos empatadas, pero era evidente que aquello no iba a quedar así. Esa mujer tenía que acabar entendiendo que su hijo y yo éramos algo más que amigos, que éramos pareja, que estábamos juntos. Con que entendiera solo una de las tres cosas, me conformaba.
Los días fueron pasando, poniendo a prueba mi paciencia. Yo, que toda la vida me había considerado una persona con paciencia, comprensiva y tolerante, me descubrí deseando echar estricnina en el café de madame Panphile antes de huir a mi casita, con mi Lorito, que seguro que me echaba de menos.
Alain, mientras tanto, hacía todos los esfuerzos posibles para no darse cuenta de lo que ocurría, y lo conseguía y todo. Oyéndole, cualquiera diría que estábamos disfrutando de unas vacaciones idílicas. Y lo peor era que, a todo esto, yo seguía sin saber a qué narices habíamos ido a Francia. ¿Quería presentarme a su familia? Pues ya lo había hecho. ¿Tenía algo pendiente allí? No le vi salir solo ni una sola vez, como no fuera a por pan y croissants a la panadería de esa misma calle. 
Si su objetivo era que su madre y yo nos lleváramos bien, podía ir resignándose a que eso no sucediera jamás. De hecho, ella se encargaba de demostrarme que no tenía nada que hacer a la hora de intentar ganarme su corazón. Se paseaba ante mí con camisetas de las Foxys de Alexia (sí, desde luego entre las fans de Alexia había unas pocas zo...as), cambiaba sus libros de sitio para que yo los viera bien, firmados y dedicados "con amuuuurrrr", por no hablar de la decoración de mi querida ratonera, que amenazaba con provocarme sarpullidos cada vez que yo entraba allí para cualquier cosa.
Aquello tenía que acabar, para bien o para mal.
Ya que parecía que no iba a conseguir que me apreciase, una retirada estratégica me pareció la mejor forma de terminar con esa historia, aunque rendirse pareciera de cobardes. A ver qué haríais vosotros en mi lugar. Pensadlo y luego hablamos. 
Pero Alain tenía otros planes.
-Todavía no podemos volver a casa, petite -dijo, retomando su antigua seriedad.
-¿Por qué?
-¿Por qué qué?
-¿Por qué todo, no te hagas el tonto? ¿Qué narices hacemos aquí? ¿Por qué no podemos volver a casita? Seguro que Lorito nos espera como agua de mayo.
Alain enarcó una ceja.
-Y seguro que tú le echas mucho de menos...
Lástima no haber tenido mi grapadora a mano, o le hubiera borrado esa sonrisita irónica de un plumazo, al muy...
-¿Me vas a responder a alguna de las preguntas que te acabo de hacer?
Su estrategia para cambiar de tema fue buena. Solo diré que la puerta de entrada se acababa de cerrar, dejándonos solos en casa de los Panphile. Cuando me dijo que qué me parecía aprovechar ese lapsus de paz para recuperar el tiempo perdido, no tuve que pensarlo. Eso sí, si pensaba que se iba a librar de responder al acabar, la tenía clara...

miércoles, 7 de mayo de 2014

SOBRE "GANARÉ TU CORAZÓN"


Todavía me parece raro pensar en esta historia (o más bien cuatro en una) como "Ganaré tu corazón".
Durante mucho tiempo, con mi don habitual, por no hablar de pereza supina, para ponerme a pensar títulos, esto se llamó "Las Hutton" o la historia de tal y cual.
Se supone que no era su momento, porque este mes iba a salir otra cosa. Pero visto que se alarga interminablemente (y no sé si pensar que para siempre), decidí arreglar esto. Cierto que merecía la pena, y además me apetecía, pero en serio que no tocaba.

¿De qué va?
Digamos que son cuatro historias, quiero pensar que bastante diferentes entre sí, pero que están relacionadas.
Los personajes, 4 parejas, están entre mi gente favorita, debo reconocerlo. Por muy soso que parezca Edward, o por muy pendón que parezca Endor, creo que nada es lo que parece.
No os vais a encontrar con una novela histórica llena de descripciones de vestidos, casas o carruajes. Está ambientada en la época de la Regencia, sí, pero sin pasarse.
En definitiva, es distinta a lo que he hecho hasta ahora, aunque hay cosas divertidas por ahí, diálogos llenos de pullas y hasta insultos (estas damas son unas señoritas de armas tomar). Menos mal que ellos tienen más paciencia que un santo. O no.