sábado, 23 de agosto de 2014

SOBRE ESCRITORES E IRONÍAS

Hace un tiempo (un tiempo largo), me di cuenta de que tengo el muro lleno de escritores, de gente perteneciente a grupos de literatura-libros-autores, pero nadie habla de ello, no realmente. Es decir, como mucho se habla de que se ha conseguido X puesto en X tienda, de lo mucho o poco que se vende, de la reseña que hizo fulanito, o algún lector se dirige a ti para decirte algo o hacerte alguna pregunta. Pero, pensadlo, ¿habla alguien de literatura?
Tuve el otro día un impulso ridículo de preguntar en mi muro si existía algún grupo donde se hablara de literatura, pero de verdad: de técnicas, esquemas o no, recursos, trucos, ese tipo de cosas.
Al final no lo hice porque pensé que nadie respondería, y por otra parte porque creo que no interesa. Las pocas veces que ha surgido el tema al final me he dado cuenta de que es así, triste pero cierto. La gente escribe lo que le sale de dentro y como le sale (al menos la mayoría). Y no digo que esté mal, pero si lo haces así, no necesitas ni técnicas ni leches.
De todas formas, me parece una pena que los grupos de autores y lectores se reduzcan a hablar de cuánto se vende y a hablar de reseñas. Para mí eso es la parte menos importante de la literatura. De hecho, una vez que he terminado el libro, casi me desentiendo de él (aunque esté mal decirlo). Tal vez porque soy incapaz de hacer publicidad y de pasarme la vida hablando de mis libros, no me gusta esa forma de funcionar y prefiero hablar del proceso de creación en sí. Igual es que soy una romántica (no en el sentido que ahora se le da a la palabra), pero creo que no valgo para esto.

lunes, 11 de agosto de 2014

SOBRE ESPERAR

A veces me sorprendo a mí misma pensando que tengo algo parecido a una paciencia sobrenatural.
Yo, que siempre había creído que era impaciente, impulsiva, alocada, puedo esperar casi eternamente a que las cosas lleguen. Qué remedio.

Por ahora espero a octubre, que es cuando saldrá mi primera novela "de editorial", "de verdad" o "en serio", que dirían algunos (sí, no eres un escritor de verdad hasta que te publica una editorial. O no, que si publicas solo en digital tampoco eres un escritor de verdad). 
Para mí es especial, pero no por eso, sino porque fue la novela en la que invertí más tiempo de mi vida en su momento, para la que creé un país, un reino lleno de gente poco recomendable y otra casi adorable (solo casi, nadie es perfecto, ni siquiera los rultinianos). Rultinia es ese sitio ideal de la muerte... sobre todo de la muerte. Es tan idílico que no puede ser tan bueno como parece. Y no lo es. Al menos sus caballeros merecen la pena. Como no existía, tenía que inventarlo.

También espero fecha para mi otra novela "de editorial", "de verdad" o "en serio", que dirían algunos.   Ni siquiera sé si será este año, pero no estaría mal saberlo, para poder hacer planes. No puedo evitarlo, me gusta ponerme fechas para las cosas literarias. Solo para eso. En el fondo, que Alain no se entere, soy un poco maniática del control...

Las dos novelas son muy distintas entre sí, y a la vez no podría negar que son mías jajaja. ¿En qué se parecen? Algo de humor, algo de locura. Vale, están fatal todos, para variar...

Mientras espero, escribo, lo cual no está mal y me entretiene una barbaridad. La nueva poco tiene que ver con las anteriores, pero tampoco podría negar que es mía, qué se le va a hacer. Espero acabarla para septiembre, y su futuro es incierto. A estas alturas solo sé que todo es impredecible. ¿Al fin y al cabo, quién iba a decirme a mí que iba a publicar dos novelas distintas este año con dos editoriales gordas de verdad como Ediciones B y Harlequín, habiendo salido de la nada y haciendo lo que me da la real gana?

domingo, 20 de julio de 2014

SOBRE LA CAVERNA (HACE FRÍO)

Ya antes de que en estos últimos días se hablara tanto sobre la erótica y sobre lo que es o no romántica, yo había decidido escribir este artículo, post, entrada, o como se llame a estas cosas que se hacen en los blogs.
Lo he hablado mucho con mis amigas, que, por cierto, tuvieron movidilla con la autora de la famosa trilogía que no debe ser nombrada (como Voldemort) y sus palmeros en su blog a causa de la reseña que hicieron de su novela. Para los que tengan curiosidad (http://reginairae.blogspot.com.es/2014/06/de-rodillas-de-malenka-ramos.htmlhttp://reginairae.blogspot.com.es/2014/06/de-rodillas-de-malenka-ramos.html). Los comentarios de la familia Anónimo nos hicieron mucha gracia al decir sentirse orgullosos de su opinión tan válida como la de cualquiera y sin embargo no dando su orgullosa cara, entre otras cosas ,como insultos al físico e intelecto de la autora de la reseña (sí, Noelia Amarillo no ha sido la única). 

Pero no es de eso de lo que quiero hablar, sino de que no solo hemos retrocedido en eso, sino en la literatura en general y en la romántica en particular. No, no pongáis esa cara de: ein, ya se le ha ido la pinza a esta otra vez, que para eso ya tengo a Alain, y él es más guapo, y francés (sin ofender).

Veamos, pongámonos en situación con varios ejemplos sencillos que tal vez reconozcáis:
-Protagonista liberada de novela actual, en sus 30, que tiene un sueño y es capaz de todo por alcanzarlo. Cuando está a punto (ya sea el trabajo de sus sueños, un ascenso..., vamos, lo que siempre siempre, y recordad que ella lo dice cada 3 páginas, quiso antes de morir y era capaz de vender su alma al diablo por ello)... él le pide matrimonio y ella parece olvidar ese sueño, porque de pronto su sueño era una bobada y en realidad lo que toda mujer quiere, aunque no lo reconozca, es casarse y tener 5 hijos (sí, esto lo he visto casi literal). Hasta las solitarias que no aguantan a la gente descubren que les encanta la vida familiar y que las abracen.
-Protagonista liberada con puesto en banco-empresa-lo que sea, donde es respetada, tiene que ocultarse, o necesita tiempo para reflexionar, y acepta trabajo como criada o niñera, donde conoce a un jefe o superior que... Lo demás es lo de menos, la cuestión es el puesto que elige, de jefa a un puesto muy inferior, algo antinatural en alguien acostumbrado a mandar. ¿Es capaz una mandamás de la cúpula de aceptar órdenes sin más? Es más, ¿sabe usar una fregona?
-Las eróticas en las que siempre es ella la sumisa, nunca él, y si en alguna aparece una dominante mujer, es la mala, porque está resentida al haber sido abandonada por un hombre y se quiere vengar.
-Chica de barrio que conoce millonario que la saca de su casa y le da la gran vida, a pesar de la incompatibilidad de cultura, educación, nivel socioeconómico etc... de solo imaginarme las cenas familiares en una situación similar en la vida real, me parto.

Y así varios ejemplos más que seguro que os suenan. En resumen, a lo que voy es que en todas, en todaaaaasssss, la mujer está a un nivel inferior al del hombre. Ella se somete voluntariamente, ella cede su puesto superior, renuncia a sus sueños por la familia.
¿Por qué nos parece normal y hasta bonito (a algunas al menos) todo esto?
A mí, desde luego, no me parece normal que una mujer se pase medio libro (o media vida) diciendo que su sueño es ser bombero (o lo que sea) y renuncie (y hasta declare que tampoco era para tanto) en cuanto un hombre le ofrezca un anillo. Porque tu sueño es tu sueño, y no renuncias a él con tanta facilidad. Donde digo bombero digo pintora, escritora, lo que sea. ¿Por qué no renuncia él a ser presidente de su empresa? ¿No sería eso una señal de amor también? Pues no. Porque en las novelas actuales son siempre (o casi) ellas las que renuncian a su vida, a su ascenso, a su sueño, o al menos se vuelve algo secundario, pues la familia siempre es lo primero. 
Y lo vemos natural. Y no lo es. Y es algo que deberíamos mirar por lo que refleja de nuestra sociedad.
¿Y qué mujer renuncia a un ascenso, a un puesto de mando para ser mujer de la limpieza (con todo mi afecto hacia ellas, que hacen una gran labor)? ¿Y más todavía para que el señorito le dé unos azotes y la ataque por sorpresa en la despensa? Y, a todo esto, ¿tiene que ser necesariamente criada o niñera? Hay mil sitios para esconderse sin tener que ser en un puesto de servidumbre, donde poder mantener tu anonimato (ponte cualquier uniforme y verás cómo no te reconoce ni cristo, lo sé por experiencia). Solo quiero señalar que se coloca a la mujer en un puesto de inferioridad, a las órdenes de un jefe con un puesto muy por encima, o en una posición económica muy superior, para que haga lo que quiera con ella, y se ve como normal.

Para que no se me malinterprete, no digo que la familia no sea importante, ni mucho menos. Pero no es lo primero solo para la mujer, o no debería serlo. Si ella renuncia a cosas, acostumbrémonos a ver a los protagonistas masculinos a renunciar a sus sueños por ella, si de verdad la ama. Un poco más de equilibrio, que estamos en el siglo XXI. Pensemos que lo que vemos como normal en los libros al final puede acabar pareciendo normal en la vida real, y ¡Dios nos libre! (y conste que soy atea).

En definitiva, que nos estamos encerrando en una caverna. Y en esta fría caverna dentro de poco vamos a aceptar que los protagonistas arrastren a las mujeres de la melena mientras gritan ungaunga. Y nos parecerá normal y bonito.

miércoles, 2 de julio de 2014

EL SECRETARIO (NI IDEA DE CUÁNTAS VAN): LA HORA DE LA VERDAD

Yo soy buena actriz. 
Cuando me doy un golpe en una rodilla, respiro hondo y solo grito, maldigo y lloro a solas, como las chicas duras de verdad. 
Cuando me depilo, tatúo, tiño el pelo... no me quejo, soy una dama. Para estar bellas, hay que sufrir.
Pero si hay algo para lo que no tengo disimulo ninguno, y es que por algo soy vasca, pero vasca vasca, vasca del norte, es para los cabreos. Para eso tengo lo que yo llamo 2 velocidades:
1) El tapón de champán: reviento de golpe, y de golpe suelto toda la espuma. Pero quedan las burbujas, durante tiempo y tiempo. 
2) De ebullición lenta: al principio sonrío. Me doy la vuelta y sigo sonriendo. Nunca sabes cuándo llegará el golpe, pero llegará, tú tranquilo. Soy una persona paciente. Para mí no hay golpe sin respuesta, ni traición sin repercusión. Es la ley de causa y efecto. Si  me la haces me la pagas, antes o después.
Fue así como, al llegar a casa después de ese agridulce viaje a París, me encontré mi casa destrozada, a Lorito con una resaca de lo que parecían siglos de vino de tetrabrik, y a un par de secretarios que ocultaron sus rostros y sus nacionalidades para preservar sus identidades, no fuera a ser que alguien (sus jefas) se enterase de que estaban de pingoneo en lugar de trabajando como esclavos. 
En esta ocasión, mi cabreo fue de tipo 1. Mi botella de champán reventó de tal forma que la espuma arrasó todo lo que había a su paso. Los secretarios salieron corriendo jurando haber visto al chupacabras. Lorito estaba tan mal que ni se enteró, así que decidí esperar a que al menos estuviera consciente para escuchar mis gritos.
Como allí no podíamos quedarnos, arrastré a Alain hasta lo que era su guarida cuando trabajaba para mí, antes de que viviéramos juntos. Yo debería estar enfadada de que mantuviera su cubil, pero prefería no aumentar sus culpas, que bastantes tenía ya. 
Durante dos días, me dediqué con placer malsano a incubar mi cabreo de tipo 2, hasta que Alain se plantó delante de mí, con su sempiterno fruncir de labios, sus ojos entrecerrados y un aire ofendido que acabó de cabrearme.
-No voy a fingir que no sé qué te pasa -dijo, con su mejor voz de secretario sabihondo y repelente.
Se la estaba ganando y no sabía lo cerca que estaba de salir de allí de una patada en el culo.
-Igual he tardado demasiado en decírtelo...
Bufé y mascullé unas palabras en euskera que el fingió no entender, porque no había que hablar euskera para entenderlas, eran de ese tipo de palabras que se entienden en cualquier idioma.
-Había preparado un discurso, pero sé cuánto te molestan, así que te lo diré todo en tres frases o, mejor dicho, en tres preguntas.
-¡Qué considerado!
-Fingiré no haberte visto sacándome la lengua -dijo, sin poder evitar una sonrisa.
-Dilo ya o lárgate.
-De acuerdo. Ahí va la primera pregunta: ¿Has pensado en nuestra vida dentro de, digamos, cinco años?
Yo no había pensado en nuestra vida ni dentro de cinco días, así que apreté los dientes, por hacerme pensar. Pero no me dio tiempo de hacerlo, porque a los pocos segundos lanzó la segunda.
-Si seguimos juntos dentro de cinco años, ¿crees que estaremos solos?
¿Solos nosotros dos o solos con Lorito? Era incapaz de pensar más allá. Me estaba asustando de veras. Nuevamente, otra pregunta cortó mi cadena de pensamientos.
-Siendo mi madre como es, ¿crees que me aguantarás cinco años, o los que sean, a tu lado? Ya sabes que algunas cosas se heredan -sonreía, pero se le veía nervioso.
Traté de imitar su gesto, frunciendo los labios y entrecerrando los ojos, pero no me salía ni la mitad de bien que a él. Además, la sonrisa de boba me impedía mantenerme así mucho tiempo. Ese estúpido francés había pensado por una fracción de segundo que estaba enfadada con él por culpa de su madre. De acuerdo, era algo... poco simpática... pero tampoco era para exagerar. Aunque era mejor mantenerla en la distancia.
En cuanto a Alain. ¿5 años? ¡Qué paciencia hay que tener con los secretarios! Palmeé el sofá a mi lado y, cuando se sentó, le respondí sin palabras.

domingo, 29 de junio de 2014

SOBRE RETOMAR EL TRABAJO Y LOS NUEVOS PROYECTOS

No sé si es normal, pero cada vez me cuesta más volver a empezar a escribir después de acabar una novela. Antes me lanzaba de cabeza a una nueva sin miramientos, a pelo que se dice. Esta vez he empezado varias y lo he dejado, porque era incapaz de concentrarme del todo en ellas, no acababan de llenarme, tal vez. Igual es que no era su momento, porque, vistas en perspectiva, no están mal, en serio (no es que sea poco objetiva).
Al final me he decantado por una historia que trata de un mundo que yo he visto retratado pocas veces en novelas románticas, al menos desde la perspectiva que yo planeo tocar: el de la moda.  De hecho, aunque ya tiene un título ya decidido, y espero que definitivo, hasta que la acabe se llamará así, "La de la moda", para los amigos. Tampoco es que planee ser rompedora ni hacer algo nunca visto, porque, no nos engañemos, ya está todo visto, pero desde luego no me gusta ser complaciente con los clichés. Quiero tocar un poco las pelotillas de ese tufillo machista y rancio que me aburre y me hace enarcar la ceja, incluso en las novelas que van de "modelnas".
Habrá diseñadores, modistas, modelos, y todo lo que haga falta, pero, ¿cómo lo encajaré? Pues eso no os lo voy a contar jajaja. Solo os diré que me voy a permitir el lujo de colar un montón de chistes privados que seguro que mucha gente no va a pillar, tanto en los nombres de los protagonistas, como en las personas en las que están basados. Y es que, en el fondo, no puedo evitarlo, mi educación cinematográfica y literaria, así como el entorno en el que me he criado se reflejan en lo que hago, es inevitable... Notaréis que sé un poco de ropa, pero de cómo se hace. ¿Y eso? Secreto profesional.

Nota mental: dice Alain que eso de los chistes privados no debería hacerlo si luego no lo explico, porque solo me río yo. Yo le digo que en eso está la gracia. Es tan cortito a veces, mon petit chou...

sábado, 21 de junio de 2014

SOBRE HACERLO OFICIAL

A estas alturas supongo que lo sabéis: dos editoriales van a publicar dos de mis historias.
Por un lado, Ediciones B, vía Selección RNR, va a publicar en octubre una historia ambientada en el siglo XIX, después de las guerras napoleónicas. En ella conoceremos a Su Alteza, el príncipe Peter de Rultinia (a quien conoceremos mejor más adelante, en su propia historia) y a los hombres de su guardia. El jefe de la guardia es precisamente el protagonista de esta primera parte de la trilogía de Rultinia, sir Benedikt, un escocés que dejó su tierra de joven para ir a recalar en ese hermoso y a la vez terrible país mediterráneo, lleno de gente intrigante y peligros. En esta historia en concreto, nos lo encontramos en Inglaterra, antes de regresar a su tierra de adopción. Allí tendrá que lidiar con una mujer, Cassandra, con la que tiene una relación tan tirante que casi se podría decir que linda con el odio. Sin embargo, habrá cosas que hagan que ambos se replanteen lo que piensan y sienten por el otro.
Esta es, a mí parecer, mi mejor historia, aunque eso es algo totalmente subjetivo jajaja. Es tal vez que lo pasé muy bien escribiéndola, porque hay muchas peleas de ingenio, algo de acción, y un malo malísimo que me encanta.

La otra historia, que se publicará a saber cuándo, saldrá de la mano de Harlequín, en su colección HQÑ. En esta ocasión se trata de una historia actual, con algo de humor, bastante crítica y hasta tierna. Está ambientada en una clínica privada acosada por los problemas económicos, a la que llega un nuevo doctor, el hijo de uno de los mayores accionistas, precedido por el sambenito de ser un enchufado. Este hecho hará que el personal de su servicio no le reciba con los brazos abiertos, precisamente. Solo al conocer bien a Gabriel, sabrá Elisa que las cosas no eran como ella pensaba. 
Esta historia está ambientada en el servicio de Radiología de la clínica, el departamento más romántico de cualquier hospital (jajaja, chiste privado). 
Es una historia distinta, creo, donde lo principal no es la relación de los protagonistas. Tal vez es "poco romántica" en ese sentido, pero era lo que me pegaba en ese momento y forzar las cosas no me apetecía. Así que quedó como quedó.

Y, en definitiva, funcionen o no, esto es lo que hay, por si alguien siente un poco de curiosidad. Publicar no era mi objetivo en la vida, pero a veces hay que aceptar las cosas como vienen. Probaré, al menos. 
Pase lo que pase, para mí nada cambia. Mis libros siguen siendo los mismos y yo también.

Nota mental: aquí el que está encantado de la vida es Alain, que dice que ha sido gracias a sus consejos y su trabajo para conseguir que me lo tome en serio que hemos llegado ahí. Yo asiento, pero es solo para darle la razón. Está tan guapo cuando sonríe...

domingo, 8 de junio de 2014

EL SECRETARIO: EL VIAJE (XI)

Conté en mi cabeza mientras me alejaba del dormitorio de Alain.
Tras de mí, la risa histriónica de Alexia, con un punto de histeria y tal vez de incredulidad al pensar que se había salido con la suya. Marie Panphile no dijo nada, pero me la imaginé mirando a su hijo, esperando que me desmintiera. Y Alain...
Tardó tanto en empezar a hablar que casi me lo perdí, porque a esas alturas yo ya había llegado a mi ratonera, dispuesta a largarme sin mirar atrás. No quería confesármelo ni a mí misma, pero no sabía cómo iba a reaccionar mi secretario. No le gustaban los enfrentamientos, por no hablar de que hablar de las cosas que Alexia le hacía delante de su conservadora madre (para lo que quería, que bien que le gustaba leer BDSM). Cabía dentro de las múltiples posibilidades que se callara, agachara la cabeza y aceptara la victoria de Alexia sobre mí. También podría haber callado y seguirme sin más. Pero no.
En un rápido francés del que apenas capté lo más importante, Alain le contó con pelos y señales las torturas a las que Alexia le había sometido: hambre, golpes, jornadas de trabajo extenuantes... 
Pensé que pararía allí, pero no. Y ahí sí me sorprendió. Alain habló y habló, como jamás había hecho conmigo (cosas que tiene ser madre, supongo). Me apoyé contra una pared y escuché. No sé cuánto tiempo habló, pero lo que estaba claro es que Alexia ya no reía. 
No tengo ni idea de cuánto tiempo había transcurrido, pero de pronto Alexia pasó corriendo ante mí, no sin lanzarme antes una mirada de odio inmenso. 
Me gustaría haber pensado que había ganado, pero no, todavía no. Miré hacia la habitación y seguí esperando.
Tras varios minutos de silencio, Marie Panphile salió también de allí. Pasó en silencio junto a mí, sin mirarme, como su (deseaba con todo el alma) ex ídolo. Al cabo de unos instantes la escuché trastear en la cocina. Cuando pitó la tetera, supe que teníamos algo en común: el té nos calma y nos ayuda a ordenar las ideas.
-Te parecerá bonito lo que has hecho...
Me giré hacia Alain con mi mejor cara de "¿me hablas a mí, con esta carita de ángel que tengo?".
No me dejé engañar por su aspecto tranquilo ni por esa mirada serena. No tuvo que pedírmelo, pegué un saltito y él me cogió al vuelo, privilegios de ser bajita y pesar como una pluma.
Nos abrazamos unos minutos eternos allí mismo, sin hacer otra cosa que eso, estar abrazados.
-¿Mejor? -pregunté al fin.
Pude notar su sonrisa contra mi cuello.
-Mucho mejor. 
No lo decía solo por la escena, que seguro que no había sido fácil, sino que contarlo todo al fin debía de haber sido una liberación para alguien tan reservado para él, capaz de sufrir lo indecible sin hacer un mínimo gesto de dolor. Haber aguantado tanto había sido para él una tortura, y yo lo sabía muy bien.
No estuvimos mucho tiempo más en aquella casa ni en París. El viaje había sido un fiasco en muchos sentidos, pero liberador en otros. Sabía que seríamos libres de Alexia, al menos durante un tiempo.
Marie Panphile se despidió de su hijo con un abrazo extraño, como si no deseara soltarle y a la vez no se atreviera a mirarle a la cara después de lo ocurrido.
A mí apenas me dirigió un gesto con la cabeza a modo de saludo. Tampoco esperaba un beso y que me pidiera perdón... pero sí (no puedo evitarlo, soy autora de romántica, siempre espero que todo salga bien, pese a todo).

Cuando ya estábamos en el avión, camino a casa (esa casa que esperaba que Lorito no hubiera destrozado), me di cuenta de algo, sorprendida.
-¿Puedes decirme a qué hemos ido a París?
Alain rió. Una sonrisa libre, fresca y alegre como pocas veces (o más bien nunca), se la había visto.
Me dejó con las ganas de saberlo, cómo no. Pero lo averiguaré. Lo juro, como que me llamo Arwen Grey.

Por cierto, no sé si os habéis dado cuenta, pero gané: 
Arwen 3 - Marie Panphile 2